Estimado Sr. Rodríguez,
Permítame intervenir en el conversatorio en que participan Ud. y el Dr. Destefano sobre el etiquetado de alimentos de origen GM, porque creo que es imprescindible aclarar ciertos puntos que Ud. pone en duda.
1. Si bien hay –como usted afirma - una serie de publicaciones a favor y otras en contra de la calidad de los alimentos de origen GM y las opuestos a ellos son muchos más, lo que realmente ocurre es que aquellos argumentos a favor de su inocuidad vienen avalados por grupos de investigadores de primera línea, en artículos científicos que son prejuzgados por comités científicos. Estos artículos no tienen el grado de difusión entre el gran público que tienen artículos de carácter comunicativo con fuerte sesgo ideológico que pretenden ser basados en ciencia y que son escritos en gran número por activistas opuestos a los alimentos OGMs, pero que raras veces cuentan con aval científico. Los pocos artículos opuestos a los OGMs en revistas científicas, han sido evaluados y se ha encontrado –o que están errados en sus planteamientos de diseño experimental o de su metodología de trabajo- o que sus conclusiones no son avaladas por los datos obtenidos. Estos trabajos experimentales no han podido ser reproducidos por otros investigadores siguiendo procedimientos rigurosos. Como uno de muchos ejemplos cito el tan usado y abusado trabajo con ratones de Eric-Gilles Seralini (Université de Caen, Francia) que ha sido desautorizado dos veces por un panel científico de EFSA – la Agencia Reguladora de Seguridad de Alimentos de la Unión Europea. A pesar de ello sigue citándose por personas empeñadas en mantener vivas ficciones de daño de los transgénicos a la salud humana.
2. Quienes avalan la inocuidad de los alimentos GM tras 20 años de uso y de ser consumidos por 2,000 millones de personas diariamente sin haberse producido un solo caso de daños a la salud, son nada menos que las agencias reguladoras nacionales e internacionales, academias de ciencias de Alemania, Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Brasil y China, Asociaciones Médicas del Reino Unido, de Estados Unidos y de Francia, la Organización Mundial de la Salud, Asociación Toxicológica de Estados Unidos, FAO y Codex Alimentarius de las Naciones Unidas. Señáleme siquiera una entidad reguladora que haya indicado lo contrario. Por si acaso, la Corte Suprema de Justicia de Francia acaba de fallar que el gobierno debe volver a autorizar la siembra de transgénicos porque no se ha probado que sean dañinos a la salud o al ambiente.
3. Si a pesar de los volúmenes de información existente sobre la inocuidad de los transgénicos y la experiencia práctica de no existir un solo caso de daño a la salud humana reportado científicamente, Ud., y otras personas insisten en que desean que se etiqueten los alimentos que contienen transgénicos le puedo dar la razón sujeta a una condición. Su prejuicio a los transgénicos representa un costo muy alto en el aspecto de trazabilidad. Se puede etiquetar alimentos que contienen transgénicos pero sin llegar a su análisis de trazabilidad, que exigen las leyes de varios países porque eso elevaría los costos de todos los alimentos procesados y ese costo lo tendrían que pagar todos los peruanos, incluso la gran mayoría que nunca lee una etiqueta de nutrición con letras pequeñísimas en las envolturas.
4. Este etiquetado, además, sería voluntario por las empresas fabricantes de alimentos que deseen indicar que NO CONTIENEN TRANSGENICOS para diferenciarse de las otras. Simplemente la etiqueta diría algo así como ESTE ALIMENTO NO CONTIENE MAS ALLÁ DE 1% O 5% (O EL LIMITE MÁXIMO QUE SE DECIDA DE TRAZABILIDAD) de ingredientes o componentes transgénicos. Sería el equivalente al etiquetado de los alimentos Kosher para consumidores primariamente judíos y musulmanes y Halal para consumidores musulmanes. O será equivalente a la advertencia que se estila en ciertos productos que dice que ESTE ALIMENTO NO CONTIENE GLUTEN O SOYA O MANI para los consumidores que son alérgicos a dicho producto. La trampa es que los transgénicos no producen alergias porque lo sean, sino solo porque los cultivos señalados de trigo con gluten, de soya o de maní, sean o no transgénicos afectan a los que son alérgicos a ellos. Bastaría con indicar que contienen esos ingredientes lo cual ya se hace en las etiquetas nutricionales que son obligatorias.
5. Los análisis de trazabilidad se confinarían solo para el reducido grupo de alimentos que voluntariamente se elaborarían con ingredientes que no proceden de transgénicos de soya, maíz o canola por ahora y de trigo GM próximamente. Por supuesto el mayor costo de ese etiquetado lo pagarían solo los fabricantes de esos alimentos y los consumidores que los exigen y nos dejarían tranquilos y sin necesidad de pagar los mayores costos y experimentar desabastecimiento a la gran mayoría de peruanos a quienes no nos interesa si se etiquetan los transgénicos o no mientras no nos suban el precio de ellos.
6. Como INDECOPI se dio cuenta, la ley es inaplicable. No hay laboratorios suficientes, no hay técnicos capacitados; los análisis cuantitativos de ADN de más de 48 eventos diferentes de transgénesis en maíz y unos 8 en soya, por ahora, representarían costos muy elevados, demoras en la cadena logística por tener que analizar miles de productos y cada lote de cada uno de ellos, incluso panes,pasteles y tamales, un ordenamiento de guías y facturas de los niveles primario, secundario, terciario y cuaternario de la cadena de procura de ingredientes para la fabricación de alimentos procesados, que son unos 30,000 en un supermercado de EE.UU. y algo menos pero no mucho menos en el Perú.
7. Los "descubrimientos" de ASPEC de que han encontrado unos 12 o 20 alimentos procesados en Lima con eventos transgénicos simplemente hacen reír. ¿Para qué se esfuerzan tanto? Todos los alimentos que contienen derivados de soya o de maíz industrial pueden tener transgénicos hasta un 100% de ellos. En efecto nuestras importaciones de soya y maíz amarillo duro para completar nuestros déficits vienen de países que los producen en el 100% de su área y ya no hay fuentes de exportación que cultiuven no-transgénicos. Brasil que podría ser la única fuente no enteramente transgénica ya llegó a 85% de su área de soya este año con transgénicos desde cero hace 8 años y ya llegó a 37 millones de hectáreas de maíz transgénico en su cosecha de primer semestre. Pero casi todo ello lo necesitan para su propio consumo. Esa es la realidad que se debe conocer. Siempre tiene la libertad Sr. Rodríguez de consumir productos orgánicos si puede pagar dos o tres veces mas por ellos que por los convencionales, que son ahora cada vez mas elaborados con ingredientes de transgénicos.
8. Conclusión.- Acostúmbrenos a las realidades del avance de la ciencia y la tecnología. Este es un mundo moderno y más saludable. Los transgénicos no producen cáncer ni enfermedades. Entendámos que son no m´pass que una forma mas soficiticada y moderna de realizar cambios en nuestros cultivos en los que esdtamos empeñados desde hace 19,000 años por métodos menos sofisticados, pero que han cambiado también su ADN. Empeñarnos en cacería de brujas ya no es propio de gente del siglo XXI.
Alexander Grobman
Estimado doctor, en lo único que si estoy de acuerdo con usted es que ningún exceso es bueno, en este tema no se deben de llegar a los extremos; pero hay una cosa muy cierta que el suscrito como muchas personas desean conocer; si los alimentos que se están consumiendo son de procedencia transgénica, esto es algo del derecho que toda la humanidad tenemos por libre elección, y no se debe de imponer algo, sea la cuestión que fuera; todos sabemos que usted es un activista pro transgénico y así como respetamos sus opiniones aunque muchos no la comparten pero la respetamos y eso es lo mínimo que pedimos; y me parece que como muchos se debe de identificar cuáles son transgénicos o no y darnos la oportunidad de elegir y el prejuzgar a nuestra justicia pone de antemano su criterio de opinión. Y son los que comercializan transgenicos los que deben de tener la obligación de colocarlo en los productos que venden.Así como aquí tenemos mucha corrupción de la misma forma ocurre en todo el mundo, y si le das tecnicismos legales a cúpulas de poder con intereses personales para seguir amasando fortunas a costa de nuestras vidas; lo mínimo que se puede pedir es saber qué cosa comemos, y en general esto no lo llevo a mayor debate, ya que como dige inicialmente me parece muy mal los exceso, porque de la misma forma están los productos agrícolas orgánicos o tradicionales que son contaminados de alguna forma; solo me interesa saber si son transgénicos o no. Y aquí en este punto prima la liberta y el derecho del consumidor de conocer que es lo que tiene, porque si usted dice que esto es bueno porque entonces el temor de que la gente decida; espero mucho del INDECOPI porque logre este punto.Así como usted puede presentar un sin fin de documentos en pro transgénicos existe muchos mas del lado contrario; y a pesar que ya sea pedido que este punto transgénico se lleve a debate y no saturar la red usted sigue insistiendo en este tema; dios quiera que de una vez por todas la ley peruana obligue a todo los comerciantes a nivel nacional que especifiquen que los productos que venden son transgénicos o no.SaludosFrancisco RodríguezDe: "Luis Destefano Beltran, Ph.D." <lwdb1208@yahoo.com>
Para: "agronegociosenperu@googlegroups.com" <agronegociosenperu@googlegroups.com>
Enviado: jueves 8 de diciembre de 2011 16:04
Asunto: [GA] Etiquetado de Alimentos Biotecnológicos es innecesario y inconstitucional
--Estimados:Les copio este articulo publicado el dia de hoy en la revista Forbes. Los anti-OGMs de USA han tratado por años de obligar el etiquetado de los alimentos derivados de OGMs sin ningun exito por la extraordinaria competencia del Poder Judicial. Nuestro PJ nunca tomaria en cuenta las razones juridicas que se usaron en USA para derrotar esas inicitaivas sobre-reguladoras.Lamento que el articulo este en inglés, pero no hay nada que pueda hacer al respecto. Interesante el argumento de libertad de expresión. El ejemplo de la espinaca aquí ningún juez le haría caso.SaludosLuisHenry Miller, ContributorI debunk the worst, most damaging, most hypocritical junk science.12/08/2011 @ 1:02PM |113 viewsLabeling Of Biotech Foods Is Unnecessary And UnconstitutionalThis piece was co-written with Gregory Conko.Should the government require that labels on cans of marinara sauce contain information about whether the tomatoes in it were hand- or machine-picked? No way! Ridiculous and irrelevant, you'd say. Right on all counts. But that label makes as little sense as thedemands of food activist and Forbes contributor Michelle Maisto.Maisto's latest Forbes article calls for compulsory, government-mandated labels to indicate foods that have been genetically improved. Yet the foods that Maisto wants to target are those manipulated with the most modern and precise gene-splicing techniques — and only those techniques. Such labels would not only put groundless fears ahead of science — promoting ignorance and hysteria among consumers — they would also be unconstitutional.Product labeling that conveys essential information is important, but mandatory labeling of gene-spliced foods is a bad idea. First, it implies risks for which there is no evidence. Second, it flies in the face of worldwide scientific consensus about the appropriate basis of regulation, which focuses palpable risks, not the use of certain techniques. Third, it would push the costs of product development into the stratosphere. Finally, the requirement would constitute a punitive tax on a superior technology.Maisto is misinformed in so many ways.Let's begin with her assertion that there's "a lot of debate about whether or not it's safe to eat GM [genetically modified] foods." In the parlance of Maisto and other radical food activists, "GM" refers to products that come from plants, animals or microorganisms crafted with sophisticated gene-splicing techniques, in which genes are moved around precisely and predictably. Without any scientific basis, the term implies that gene-splicing is a meaningful "category" and that its use somehow gives rise to products the risks of which are higher or more uncertain than other techniques for genetic modification. However, a broad and decades-long scientific consensus holds that modern techniques of genetic modification are an extension, or refinement – that is, an improvement – on the kinds of genetic modification that have long been used to enhance plants, microorganisms, and animals for food.One has to wonder whether Maisto knows that with the exception of wild game, wild berries, wild mushrooms and fish and shellfish, all the plant- and animal-derived foods in our diets – even the overpriced organic stuff at Whole Foods – have resulted from genetic modification that employs techniques that are far less precise and predictable than the ones that concern her. Likewise, is she aware that every major scientific and public health organization that has studied gene-splicing – from the American Medical Association to the National Academy of Sciences and dozens more – has concluded that gene-spliced foods are at least as safe, and probably safer, than conventional ones?The safety record of gene-spliced plants and foods derived from them is extraordinary. After the cultivation of more than 3 billion acres (cumulatively) of gene-spliced crops worldwide and the consumption of more than 3 trillionservings of food and food ingredients from such crops by inhabitants of North America alone, there has not been a single ecosystem disrupted or a single confirmed adverse reaction.What are the advantages of gene-spliced crops? Every year, farmers planting gene-spliced varieties spray millions fewer gallons of chemical pesticides and prevent less erosion of topsoil. In addition, many gene-spliced varieties are less susceptible to mold infection and have lower levels of fungal toxins, making them safer for consumers and livestock.Now let's get to the labeling issue.Maisto complains that "food can be tinkered with at the DNA level and no one is obligated to say so." True, but irrelevant. For one thing, with the exceptions mentioned above, all the foods in our diet have been altered "at the DNA level" – because that's how changes in organisms occur. When plant breeders cross a tangerine with a grapefruit to get a tangelo or construct a variety of potato resistant to viruses, the genetic changes are mediated by alterations in the DNA.There are good reasons that such "tinkering at the DNA level" need not be revealed on labels. Federal regulation requires that food labels be truthful and not misleading and prohibits label statements that could be misunderstood, even if they are strictly accurate. For example, although a "cholesterol-free" label on a certain variety or batch of fresh spinach would be accurate, it transgresses the FDA's rules because it could be interpreted as implying that spinach usually contains cholesterol, which it does not.Following long-standing precedents in food regulation, the FDA requires labeling only to indicate that a new food raises questions of safety, nutrition or proper usage. But instead of educating or serving a legitimate consumers' "need to know" certain information, mandatory labels on gene-spliced food would imply a warning.The FDA's approach to labeling has been upheld both directly and indirectly by various federal court decisions that have consistently struck down mandatory labeling not supported by data. In the early 1990s, a group of Wisconsin consumers sued the FDA, arguing that the agency's decision not to require the labeling of dairy products from cows treated with a gene-spliced protein called bovine somatotropin, or bST, allowed those products to be labeled in a false and misleading manner. (In other words, the plaintiffs wanted the same sort of mandatory labeling advocated by Maisto.) However, because the plaintiffs failed to demonstrate any material difference between milk from treated and untreated cows the federal court agreed with the FDA, finding that "it would be misbranding to label the product as different, even if consumers misperceived the product as different."In another federal case several food associations and companies challenged a Vermont statute that required labeling to identify milk from cows treated with gene-spliced bST. The U.S. Second Circuit Court of Appeals ruled that a labeling mandate grounded in consumer perception rather than in a product's measurable characteristics raises serious constitutional concerns. Namely, it violates commercial free speech. The court found both the labeling statute and companion regulations unconstitutional because they forced producers to make involuntary statements when there was no material reason to do so.What's more, consumers don't need a mandatory "GM" label: The First Amendment protects the right of food purveyors to sell non-gene-spliced products and to advertise that fact to consumers by means of labeling. (This would be similar to the way that halal and kosher products are offered to consumers.)Note to Ms. Maisto: If you really want to influence consumers' views on genetic engineering try to gain at least a rudimentary understanding of the subject. We suggest two ways to start: the film Mandy and Fanny: The Future of Sustainable Agriculture and the book The Frankenfood Myth: How Protest and Politics Threaten the Biotech Revolution by the two of us. Maybe then your articles on this subject won't mislead your readers.Henry I. Miller is the Robert Wesson Fellow in Scientific Philosophy and Public Policy at Stanford University's Hoover Institution; he was the founding director of the FDA's Office of Biotechnology.Gregory Conko is a senior fellow at the Competitive Enterprise Institute.
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