EDITORIAL
REVISTA AGRONOTICIAS

 

 

stremecedor y exasperante. Así se puede calificar al papel de los estamentos rectores del Estado  y de todos los  movimientos políticos que tienen algún espacio en el mismo  ante los crecientes zarpazos del calentamiento global y el cambio climático contra el lomo inerme de nuestra patria. Pues ellos evidencian  no haber aprendido nada y no  querer aprender algo de las patéticas  desgarraduras  provocadas por los incipientes desquiciamientos del ecosistema, en especial contra el agro, la alimentación y los más pobres del Perú.

● Como prueba de ello, los poderes Ejecutivo y Legislativo continúan reincidiendo en la suicida "política del bombero", por no asumir la elemental responsabilidad de institucionalizar,  profesionalizar  y articular a las diversas partes del Estado, para planificar  —por concertación—el desarrollo nacional con visión de largo plazo. Paralelamente, los políticos de oposición  y deposición no son menos disforzados e inútiles, como lo están demostrando —ahora mismo— en los diálogos convocados por el gobierno, al no plantear ningún cambio de fondo para tener tanto Estado como sea necesario y tanto mercado como sea posible, en aras de un modelo que  realmente  incluya a los millones de "peruanos de a pie", no sólo a los avarientos poderes fácticos y sus parasitarios diligencieros oficiales.

● Recordemos algunos hechos para comprender mejor esto.

● Como le consta a toda la conciencia atenta del Perú rural y de los urbanos lúcidos que se preocupan por el destino de éste, desde el Fenómeno "El Niño" 1982-83, AGRONOTICIAS  viene machacando incansablemente sobre la crucial necesidad  de implementar un sistema nacional de prevención, mitigación y adaptación ante los imponderables hidroclimáticos, conjugando esfuerzos públicos y privados —igual que conocimientos científicos y empíricos— en todos los frentes y  niveles del Estado.

● Pues, aun cuando se tuviera la mejor política estatal, si falla el clima y no se ha hecho nada por prever sus trastornos crecientes, los resultados en la economía y la salud del Perú rural, la alimentación del país y toda la cadena económica que depende del campo,  siempre serán deplorables.

● Pero los gobiernos, congresos y ministros de turno —casi todos urbanos y urbanófilos, para infortunio del Perú campesino— jamás han sabido o querido escuchar y aquilatar ni siquiera las oportunas voces de alarma y las sugerencias prácticas y técnicas para afrontarla, como las reiteradamente expuestas en lo que va del año en estas mismas páginas.

● Y he ahí  los patéticos resultados de esa mezcla de ensimismamiento, autocomplacencia  e irresponsabilidad del oficialismo vigente:  miles de campesinos archiarruinados —en su economía, salud y futuro—  por las recientes heladas, nevadas  y sus secuelas en los Andes altos del sur; miles de caficultores altoselváticos semiquebrados por la roya amarilla, con efectos altamente erosivos sobre la economía nacional en conjunto; centenares  de plataneros  orgánicos del norte costero   arrinconados por la mancha roja del banano, otros cientos de arroceros  de la misma región alarmados por la irrupción arrasadora  de la bacteria  Burkholderia glumae contra sus cultivos y —en fin— más de 2'000,000 de pequeños productores expuestos a sufrir diversos fenómenos hidrometeorológicos, plagas y pestes, como consecuencia de los desbarajustes climáticos y el clamoroso descuido del Estado ante sus efectos actuales y potenciales.

● Nadie en su sano juicio puede pedirle al sector oficial que haga el milagro de detener o eludir esos flagelos, no; menos aún cuando ni siquiera es capaz de honrar sus compromisos electorales y de hacer cumplir  los claros preceptos proagrarios de la Constitución. 

● Pero en cambio sí  es dable exigirle un  mínimo de sensibilidad  y responsabilidad ante las alteraciones recurrentes   del clima y sus consecuencias cada vez más devastadoras. Pues la instancia rectora del destino nacional no puede seguir siendo un mero apagador de incendios, sino —por lo menos— un diligente facilitador y articulador de previsiones.

● ¿Por qué el gobierno vigente ha reaccionado tarde y  con  patéticos disfuerzos e insuficiencias ante la asonada cafetalera de la selva central por el problema de la roya amarilla y frente al drama causado por  las nevadas en  Puno? ¿Acaso no es porque en el archimanoseado Ministerio de Agricultura y sus equivalentes regionales  no tienen planes concertados con visión de largo plazo, ni funcionarios, asesores  y técnicos que realmente conozcan los grandes problemas, riesgos, necesidades y potencialidades del campo megadiverso? ¿Acaso no es  porque faltan elementales mecanismos de intercomunicación, entendimiento e interacción  entre los  mismos y de éstos con las instituciones  especializadas en climatología y las organizaciones de productores agrarios, campesinos y nativos? ¿Acaso no es porque la ausencia de un engranaje pensante —público-privado— en el sector torna imposible hacer entender al Ministerio de Economía y Finanzas, la Presidencia del Consejo de Ministros, el Congreso de la República y el mismo mandatario de la nación, las urgencias impostergables y las propuestas consensuales del campo? Huelgan más reflexiones.

● Pero los gobernantes y legisladores de hoy, así como quienes se desvelan por sucederlos, deben saber que los efectos del calentamiento global y el cambio climático recién están comenzando, y que éstos serán cada vez más recurrentes y devastadores, en la medida que ellos no se sacudan de sus nevadas y royas mentales, para asumir el papel para el cual se les eligió y por el que se les paga: preparar y acompañar a  nuestro pueblo en los cruciales frentes de la prevención, la mitigación y la adaptación, para tener un país medianamente gobernable en el largo plazo.

● Desde diversas fuentes internas y externas de la ciencia  ya se ha advertido que el Perú es el tercer país  más amenazado por la escasez crónica de agua en el mundo, que las alteraciones del clima provocarán —ya están provocando— la traslocación y mutación  de las plagas y enfermedades tradicionales, así como la aparición de nuevas;  que ciertos pisos ecológicos hoy aptos para los cultivos, crianzas y  la vida entera, ya no lo serán mañana, y que todo el conjunto de cambios sin precedentes  en el ecosistema generará graves problemas en la alimentación, el hábitat y la existencia misma  de los pueblos.

● Sin embargo, quienes hoy mandan en el país y sus alternantes potenciales no reaccionan ante estos riesgos cantados. Todos se llenan la boca hablando de "largo plazo" e incluso dictan "políticas"  y "normas"  pomposas  que en apariencia responden a esta visión, pero que en la práctica —por estériles o esterilizadas  en la misma esfera oficial—  sirven sólo para engrosar los archivos burocráticos. ¿Hasta cuándo?

● Si ellos quieren dejar atrás la embriaguez distorsionadora de la realidad, la miopía cortoplacista y la  autocomplacencia suicida, para trabajar por el futuro  incluyente y sostenible de nuestra patria, sólo deben recordar que para tener éxito real en política primero hay que ganarse la confianza del pueblo, pensando seriamente en las nuevas generaciones y no en las próximas elecciones.

● ¡Basta ya de nevadas y royas mentales! señores del poder.




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