Las comunidades campesinas en perspectiva




 
Artículo escrito por Alejandro Diez Hurtado(1), para La Revista Agraria


¿Tienen futuro las comunidades campesinas? Siendo en la actualidad un sujeto social omnipresente como forma de organización, de control territorial y de propiedad que se encuentra en buena parte del territorio nacional, cabe preguntarse sobre su lugar, perspectivas y posibilidades en el mundo cambiante de nuestros días.

Las comunidades parecen tener algo de anacrónicas, parecen referirse al pasado antes que al presente y, mucho menos, al porvenir. Hildebrando Castro Pozo (2), hace poco menos de cien años, con unas comunidades más tradicionales que las que conocemos ahora, pensaba exactamente lo contrario: creía que daban muestra de iniciativa —hoy en día diríamos proactividad— y que varios ejemplos mostraban sus posibilidades y ventajas frente al proceso y aspiración de modernidad del país. Muquiyauyo era un ejemplo de cómo podían vincularse modernidad y tradición; algo semejante señalarían los estudios del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) sobre la comunidad de Huayopampa, mostrando una suerte de «efecto comunidad» que hacía posible que pequeños productores parcelarios orientados al mercado hallaran en la comunidad un soporte que permitía una vinculación exitosa con el mundo exterior. Y hoy podríamos multiplicar los ejemplos.

Ciertamente, no se trata de un proceso automático ni inmediato; se trata de una posibilidad de indudables ventajas en términos de superación de la pobreza y de procesos de mejora de ingresos e integración de buena parte de nuestra población rural. Quisiera en estas líneas reflexionar sobre esas posibilidades; sobre los alcances y limitaciones de las comunidades campesinas desde una perspectiva tanto de transformación como de continuidad, en el marco de una solución al problema que representan en la actualidad las comunidades para el Estado; una solución que debería ser al mismo tiempo eficiente y productiva, justa respecto a los derechos ciudadanos y respetuosa de las tradiciones y herencias históricas del Perú. Para ello, me limitaré a tres dimensiones de los retos que, a mi juicio, afectan a las comunidades contemporáneas.

La viabilidad de las empresas comunales

El primero se refiere a los emprendimientos económicos comunales y a las transformaciones y adaptaciones necesarias para ello. Existe una serie de estudios sobre las dificultades de las empresas comunales. Al respecto, el carácter colectivo limita parte de la gestión empresarial y la toma de decisiones, y tiene consecuencias en el manejo y reparto de los beneficios, cuando los hay. Es probable que el actual entorno económico y el incremento promedio del nivel educativo estén dando lugar a nuevas prácticas y nuevas experiencias empresariales en entornos comunales.

Por otro lado, los modelos cooperativos de gestión sujetos en parte a las mismas limitaciones que las comunidades —en algún momento fracasados y considerados poco exitosos—, muestran una serie de ejemplos virtuosos de articulación productiva e inserción a mercados, con capacidad para organizar parte del proceso productivo de las familias que lo integran. Ciertamente, ello es posible mediante una serie de circunstancias externas favorables, pero también es fruto de una serie de compromisos internos que vienen dándose en el mismo sentido al interior de diversas comunidades. La generación de comunidades emprendedoras no es un proceso fácil, pero es un proceso en curso.

La defensa del territorio comunal

Una segunda dimensión refiere a la necesidad —histórica, pasada y siempre presente— de las comunidades de defender sus territorios. Las actuales comunidades siguen teniendo la función de proteger y velar por la defensa de la integridad del territorio comunal frente a amenazas externas. En un contexto global en el que la presión sobre la tierra y sus recursos es creciente, las comunidades campesinas se reencuentran con sus orígenes recientes en los procesos de protección del territorio comunal.

Estos procesos defensivos fortalecen la organización, dan «vigencia» a las comunidades y las reposicionan como interlocutores frente al Estado, pero también frente a terceros, particularmente empresas con proyectos no tradicionales de explotación de los recursos. Estas dimensiones tienen que ver también con las tensiones y demandas de registro de la propiedad, con las reglas de transferencia y también con el acceso a los recursos del subsuelo, así como las servidumbres respecto del uso superficial de los terrenos.
La defensa del territorio comunal viene de la mano del reto del uso económicamente eficiente del territorio comunal, y tiene como tarea pendiente la generación de opciones de usos alternativos al territorio, pero también la formulación de planes de resguardo y contingencia cuando la defensa es insuficiente o de nuevas alternativas y posibilidades cuando se negocia la transferencia de propiedad.

La agencia política de las comunidades

El tercer y último reto que queremos destacar aquí compete a las comunidades como agentes políticos en el marco del proceso de descentralización del Estado. Actualmente, la representación comunal en los procesos de planificación, toma de decisiones y asignación presupuestal no está en sintonía ni corresponde con el peso territorial y demográfico de las comunidades. Existe un déficit de ajuste entre las formas comunales de organización y los mecanismos formales —municipales y regionales— de representación política y gestión territorial: las comunidades están casi siempre subrepresentadas debido a sus dificultades de organización y gestión, pero debido también a una inadecuación entre las decisiones municipales y regionales y las necesidades y aspiraciones de desarrollo de las poblaciones, particularmente rurales. Un mejor ajuste es un reto pendiente. Una mirada territorial del gobierno debería conducir a una mayor presencia y representación de las comunidades campesinas en las instancias de decisión y gobierno local.

Finalmente, quisiera señalar que estos tres retos o tareas pendientes, de las comunidades, pero también de la sociedad, suceden en el marco de transformaciones mayores de la sociedad rural, que tienden a una mayor integración e interdependencia entre espacios rurales y urbanos. Desde las comunidades campesinas, este reto de la integración tiene dos condiciones y sellos aparentemente contradictorios, pero que son parte del mismo fenómeno y de las exigencias que plantea la actual modernidad: por un lado, la demanda cada vez mayor de capacidades (técnicas y políticas) de gestión, y por otro, los procesos de redefinición de identidades que vienen asociados a la reivindicación de derechos y de ciudadanía. Estas dos exigencias afectan por igual al emprendimiento económico, a la defensa territorial y a las demandas por mayor participación.

Notas
1 Antropólogo, experto en comunidades campesinas y docente de la PUCP.
2 Abogado y político peruano (1890-1945), uno de los exponentes del pensamiento indigenista de la primera mitad del siglo XX.
 
 

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